La suavidad de lo incierto
Un leve olor a primavera y frescura, un efecto a los ojos de un naranja suave con destellos amarillos. Vi mi hombro y, allí, sobre mi ropa negra, había una pluma blanca, tan simple al contraste.
Había puesto una melodía de piano, de esas que encuentro últimamente en YouTube y que me calman. Al unísono con la melodía, te escuchaba cantar. Tarareabas un par de partes y las otras las bailabas. Tu cuerpo esbelto, con el torso descubierto y unos pantalones a cuadros, reflejaba la luz del sol. Los rayos te daban un color casi como si fueras una pintura.
Tu cabello negro, mojado, se veía más oscuro y combinaba con tu apolíneo rostro. Tus brazos reflejaban su vigor y tus venas, el contraste perfecto.
Miré hacia el mar, y el sol se reflejaba en él. Te dije, mientras observaba las olas venir hacia nosotros:
"Si un día muero, estaré aquí en este recuerdo y en cualquier atardecer, en cada sonido de las olas, cada vez que veas al mar y cada vez que escuches el piano, estaré allí si me necesitas."
Te escuché aproximarte y sentí tus brazos rodearme. Lo siguiente que vi fue tu rostro contra el mío y me besaste tan suavemente que sentí que me querías con ese solo gesto.
Pero suelo confundir la ternura con la lástima con la que a veces me miras.
TM.
Comentarios
Publicar un comentario